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15 de abril de 2009

Chau garrote

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En el sitio de internet creado para promocionar su nueva fragancia de desodorante, la marca Axe lanzó un video. El objetivo era pegarle con un garrote a la mayor cantidad posible de mujeres. Pero por una demanda de tres diputadas y la intimidación del INADI, el juego fue retirado de la página, casi de un garrotazo.


La prehistoria es el escenario que eligió Axe para su nuevo desodorante, Axe Instinct. La marca, que pertenece al mundialmente presente Unilever, no se limitó con proponerle a la muchachada argentina que siguiera su “instinto de cazador” en sus publicidades. También creó en su página de internet un juego interactivo.





Garrotazos en 50 segundos

En “Garrotazo de amor”, el nombre del juego, se ganaban puntos por cada golpe dado a una mujer y se restaban si el garrote le pegaba a un varón. La consigna alentaba: "Es muy fácil: elegí si le das o no le das". Claro que el más macho era el que daba, en el tiempo estipulado, la mayor cantidad de garrotazos a las mujeres que al ser alcanzadas se convertian en corazones que desaparecian dejando un rastro de sangre.


En contra del sexismo

El juego violaba la reciente Ley de Protección Integral de las Mujeres contra la Violencia de Género que establece las distintas formas que puede tomar la agresión contra las mujeres. Entre ellas, la "violencia mediática". Por eso, las diputadas Juliana Di Tullio, María Teresa García y Diana Conti (Frente para la Victoria), elevaron una denuncia en la Cámara del Crimen contra la empresa por "instigación a la comisión de un delito, incitación a la violencia colectiva y apología del delito”.

Previamente, la diputada Diana Maffía (Coalición Cívica) había formulado una denuncia ante el Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión. También la diputada Marcela Rodríguez (CC) presentó un proyecto de repudio en el Congreso.

El Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) también manifestó su repudio al juego y la campaña de Axe. Su presidenta, María José Lubertino, declaró: "la campaña es sexista y discriminadora”.

La marca Axe ya fue cuestionada por los mensajes de sus publicidades. Esta vez el último golpe lo recibieron ellos. Y, a diferencia de lo que sucedía en su juego, este garrotazo sí sumó puntos.

Paula Rey

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En cine: El niño pez
Lucía Puenzo, Inés Efron y Emme, hablan de este relato que cruza géneros para contar la relación entre dos mujeres que se aman en medio de una serie de turbulentos sucesos familiares.

De la trama que plantea El niño pez podría decirse que es una historia de amor, de locura y de muerte. Pero no salió de la pluma de Horacio Quiroga sino de la Lucía Puenzo, que convirtió su propia novela en su segunda película, después de la premiada XXY. Aquí, la hija de Luis Puenzo no escatima recursos para contar lo que quiere: un amor puro, complejo y maldito entre Lala, una chica de clase alta interpretada por Inés Efron y su empleada doméstica paraguaya, La Guayi, en la piel de Emme en su debut en cine. Para contar esta historia que aborda leyendas guaraníes y el tabú del incesto, entre otros temas, la directora se anima a cruzar elementos del policial con otros dignos de una road movie en un gran rompecabezas de géneros.
Los personajes de Lala y la Guayi guardan tantos secretos que uno nunca termina de descubrir cómo son, además porque parecen guiarse únicamente por la pasión y nunca con la razón...
Lucía: Totalmente. Creo que la presencia de la leyenda del niño pez en el lago, todo lo relacionado con el agua y lo que está por debajo de la superficie, está ligado más a lo emocional que a lo racional, es algo muy del mundo femenino. Y el encuentro de ellas dos es desde ese lugar, donde se les mezclan todo: su relación es erótica, maternal, amistosa. Las sobrepasa el vínculo. Además, me interesaba acompañar a Lala de la mano, no quería que el espectador supiera más que ella, sino que fueran a la par en la confusión. Porque cuando hay más distancia, uno tiende a juzgar a los personajes y no me interesaba tener una mirada distanciada, juzgarlas. Sí, poder entenderlas. Las dos tienen secretos muy pesados y aún así era importante que no fueran señaladas con el dedo y las pudieran querer aunque sea incómodo.
Emme: Para mí lo más importante era eso, entender cómo era la Guayi y no juzgarla. Creo que la única razón que las guía a las dos, lo que es la razón de ser de ellas, es el amor que sienten.
Te tocó un personaje fuerte para debutar en cine.¿Cómo lo encaraste?
Emme: Con Inés nos preocupamos mucho por armar el vínculo entre las dos. Desde la primera vez que leí el guión, me imaginé a la Guayi: chiquita, en Paraguay con su mundo; frágil y fuerte a la vez. Ella sigue su instinto y se va sola con su cuerpo que es lo único que tiene: es su casa, su prisión y su arma también. Con Lala, de alguna manera, se permite ser la madre que no pudo ser y la que no pudo tener. Por eso es tan fuerte el vínculo, más allá de lo erótico. Y sus mundos terminan pareciéndose.
Inés: Es que Lala, que aparentemente tiene todo, termina sintiéndose sola. Pero después se va descubriendo a sí misma y hasta a mí me asombra todo lo que es capaz de hacer. Lo fui entendiendo de a poco; además yo entiendo el 50 por ciento de un personaje cuando veo la película, siempre.
¿Y qué descubriste de Lala?
Inés: ¡No podía creer que yo le hubiera puesto el cuerpo a todo eso!
Lucía: ¡Lala es una heroína, hasta se anima a enfrentarse a los tiros! (risas).
Para leer más sobre esta nota: Clarín
Publicado por Sabrina López
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14 de abril de 2009

¿Lavarropas = Derechos de las mujeres?



"El lavarropas y la emancipación de la mujer. Pon el detergente,
baja la tapa y relájate". La simpática frase no corresponde a un slogan publicitario sino al titular de un artículo periodístico publicado el 8 de marzo en el diario del Vaticano en referencia al día internacional de la mujer. Ni el voto femenino, ni derecho al divorcio, ni condiciones de empleo igualitarias. Para el Vaticano, el mayor símbolo de la liberación femenina lo encabeza -nada más ni nada menos- que el lavarropas.
Julieta Benedetti

El Vaticano considera al lavarropas como el hito de la liberación femenina



por Sibila Camps para Clarín

No ha sido la libertad de poder elegir su novio o marido. Tampoco el voto femenino. Ni el acceso al mercado laboral ni a la universidad. Ni siquiera la capacidad de decidir si tener o no un hijo. Para el Vaticano, la máxima conquista de la liberación femenina es el lavarropas.
En su edición del 8 de marzo, L'Osservatore romano –el diario del Vaticano– aludió al Día Internacional de la Mujer. El artículo, firmado por Giulia Galeotti, se titula: "El lavarropas y la emancipación de la mujer. Pon el detergente, baja la tapa y relájate".
"En el siglo XX, ¿qué fue lo que tuvo más influencia en la emancipación de la mujer? –se pregunta Galeotti–. El debate sigue abierto. Algunos dicen que fue la píldora; otros, la liberalización del aborto, o incluso trabajar fuera del hogar. Sin embargo, otros van más lejos (y proponen): el lavarropas".

Es probable que, al aventurar semejante conclusión doméstica, la periodista italiana haya tomado como referencia a las negras esclavas o a las campesinas que cargaban sobre sus cabezas canastos inmensos, para hacer la lejía –como se decía– a orillas del río. Entonces, la tarea de golpear las pesadas sábanas de hilo contra las piedras, retorcerlas y extenderlas sobre el pasto para que se secaran, equivalía a trabajos forzados.
La autora de la nota sostiene que, después de las guerras, para lograr que las mujeres dejaran la casa, los hombres machacaron con un mensaje: "Casarse pronto, instalarse en forma definitiva en el matrimonio, abandonando estudio y trabajo, era el único destino capaz de permitir a las mujeres la realización de su verdadera naturaleza, todo lo cual –y ésta era la gran novedad de la modernidad– podía y debía ser hecho sin esfuerzo ni fatiga. Cine, televisión, diarios, publicidad, médicos, psicólogos y sociólogos, todos revelaron a las mujeres su agradable y gratificante vocación".

Galeotti se remonta a los orígenes del lavarropas, y rescata que el primer prototipo rudimentario fue inventado, en 1767, por un teólogo, el alemán Jacob Christian Schaffern. "Al principio, las máquinas eran muy voluminosas –recuerda la periodista–. Pero rápidamente la

tecnología creó modelos más estables, livianos y eficaces".
Esto permitió, según Galeotti, alcanzar "la sublime mística de 'cambiar las sábanas dos veces por semana en vez de una' ", frase que atribuye a la célebre feminista estadounidense Betty Friedan. Y así se llegó a la imagen de "la supermujer en el hogar, sonriente, maquillada y radiante entre los electrodomésticos de su casa".
Podría pensarse que el artículo cuestiona el estereotipo del ama de casa, pero no es así: según Galeotti, gracias a las lavanderías públicas, aun las mujeres pobres americanas pudieron salir del hogar y tomarse un cafecito con las amigas, mientras el magnánimo invento masculino hace su trabajo.

L'Osservatore romano incluyó otro artículo, en el que analiza "La Iglesia y la revolución femenina". Allí, la periodista Lucetta Scaraffia recuerda que la Iglesia católica "se opone con fundamento y con razón a la teoría artificiosa del género". E interpreta que, "si la concepción puede ser hecha por un científico en un laboratorio, la diferencia entre masculino y femenino parece perder relevancia".
Para mal y para bien, la vida de las mujeres no está encapsulada en probetas ni tambores de los lavarropas, ni siquiera automáticos.




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